El niño estrella se sentía atraído por aquel planeta azul y verde que giraba en la oscuridad vacía y fría del espacio. Los mayores le advirtieron: «Para visitar el planeta Tierra tienes que nacer como un niño humano. Allí te sumergirás en el río del tiempo de la Tierra. Sentirás alegría y miedo...». Nivola celebra en este álbum el ciclo de la vida humana como un interludio en una existencia cósmica que continúa indefinidamente.
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