Un largo camino han recorrido los hombres desde la ingesta ritual del cerebro o el corazón del adversario, como reconocimiento a la vez del valor del contrario y de la superioridad del vencedor. De la antropofagia ritual (presente en mitos antiguos que también se tocan en este librito) a la teofagia: comerse al Dios es más confortante para el cuerpo y el alma, sobre todo cuando es el propio Dios el que se ofrece a ello.
