Los siete cavernícolas quieren pintarse para ir de caza pero los mayores se lo impiden. Entonces deciden hacerse con un poco de pintura y tras poner a prueba su valor ¡empieza la aventura! Al final, no cazan pero accidentalmente se convierten en los primerísimos pintores de la cueva al estampar sus manos en las paredes y el techo.
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