VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:
"Quien ama no querría cambiarse en ninguna otra persona, ni mejor ni peor. Quien no puede humillarse ante sí y ante su amada, no ama" (S. Kierkegaard)
O todos o ninguno.
Un niño de unos nueve años, un domingo recuerda a su padre que hay que ir a misa.
- Hoy no vamos - dice el padre-. Yo tengo otras cosas que hacer.
- Pero, papá, -insiste el niño- es que hoy tenemos obligación de ir. Lo manda el tercer Mandamiento de la Ley de Dios.
- No te preocupes. Eso no tiene importancia. Ya iras otro día. El pequeño se calla.
Pero al poco rato interviene de nuevo:
- Oye papá, si el tercer Mandamiento no tiene importancia, el cuarto aún debe importar menos.